Espero que en Extremadura nunca hagamos un buen Rioja

Tiene nombre de viña, Amelia, y apellido de bodega, Coloma. Con nueve años ya sabía hacer un grado alcohólico y para jugar, sujetaba la goma entre dos barricas. Se hizo ingeniera técnico agrícola en Badajoz y se licenció en Ciencia y Tecnología de los Alimentos en Burgos. Se formó después en varias bodegas españolas y recorrió literalmente el mundo del vino: de California a Burdeos y de Australia a Sudáfrica.

Su abuelo y su padre, que procedían de la Ribera del Duero, compraron en 1966 una finca en Alvarado, término municipal de Badajoz, y plantaron uvas tintas donde todo el mundo plantaba uvas blancas cayetana y pardina. Los tacharon de locos, pero ellos compraron una planta embotelladora, de las primeras en la región, y dieron el salto del granel a la botella, creando así Bodegas Coloma.
Pasado el tiempo, Amelia se colocará al frente de la bodega familiar y de la explotación de 50 hectáreas de viñedo. Pone en marcha un proyecto llamado Evandria (Talavera en latín) y apuesta por variedades de uva internacionales (cabernet sauvignon, merlot, pinot noir, syrah) y por recuperar las uvas autóctonas: alarije, garnacha. Todo ello en el marco de un proceso riguroso de saneamiento.
-¿Hay uvas para mujeres como la syrah o merlot y uvas para hombres como la garnacha, la cabernet o la tempranillo?
-Hay críticos que hablan así, pero con una uva ‘masculina’ puedes hacer un vino ‘femenino’ y viceversa. Tú no elaboras para hombre o mujer, sino pensando en un público. Cuando me casé, mis amigas me decían que a ver si hacía un vino que les gustara a todas, que nada más que hacía vinos de hombres. Me di cuenta de que parecía que el consumidor tenía que ser siempre un hombre y me puse a meditar sobre qué es lo que no les gusta a ellas del vino. Querían un vino suave, aterciopelado, sedoso, no muy amargo, no muy astringente, fragante, pero no pesado. Con esas pautas de gusto pesé que el mejor vino era el de la uva merlot, que es aterciopelada, sedosa, femenina, jugosa, carnosa, frutal. Y salió el merlot. Pero cuando elaboro garnacha, que parece más de hombre, me dicen que mi garnacha es delicada, pulida en su astringencia. Los nuevos consumidores, frente a los de más edad, buscan vinos más finos, más delicados, menos ásperos
-¿Qué opina de los grandes proyectos sobre el vino extremeño?
-He participado como técnico dirigiendo un poco la filosofía de Bodegas y Viñedos de Trujillo, las del vino Habla, y he visto que han sido un poco castillos construidos en el aire y no han surgido con la fuerza que debieran. Llegaron arrolladores e incluso algunas bodegas se sintieron ofendidas porque veían que se les hacía demasiado caso frente a otras bodegas de siempre que llevaban elaborando mucho tiempo. Cada uno tiene que encontrar su sitio, mercado y viñedos y el tiempo acabará colocando a cada uno donde deba. Es bueno que aparezcan nuevos proyectos para incentivar a los que están colocados.
-En los medios especializados se habla de nuevas comarcas y D. O. que destacan, pero parece que Extremadura no despega. ¿Es falta de marketing o es la dura realidad?
-Extremadura es muy diversa y muy grande y tiene tanta variedad de suelos, viñedos y clima que hacer despuntar a todos a la vez es complicado. Se ve que despunta este, aquel. Pueden sobresalir seis o siete vinos.
-¿Qué nos falta?
-Un poco más de tiempo. Las bodegas que trabajan poco a poco, de tamaño pequeño, de 200.000 a 300.000 botellas de producción, están haciendo un gran esfuerzo en personal, en tecnología puntera, en modernizar instalaciones, personal muy profesional en el área de comercialización. Aquí lo llevamos las dos hermanas, yo en producción y mi hermana Coloma en exportación. Acaba de llegar de Brasil, Amsterdam, Bruselas y se vuelve a marchar a Alemania.
-Hablemos de uvas, de variedades.
-Mi padre se da cuenta de que en España hay mucha riberitis y mucha riojitis y que el mercado es muy variado y no le gusta lo mismo a un alemán que a un sueco o a un indio. Eso hace que tengamos que plantearnos muchas variedades de uva. Juego con un abanico amplio con maduración escalonada, con vendimia de dos meses: empiezo a mediados de agosto con moscatel y pinot noir y acabo a mediados de octubre con graciano.
-¿Y qué uva requiere cada mercado?
-El mercado alemán demanda vino de uva garnacha y merlot. La garnacha, por la selección que hicimos de un clon de garnacha que era muy expresivo en nariz a grosella, a frambuesa, a moras en algunos años, y tan carnoso, con ese color que parece que se sale de la copa. Con la misma uva hemos calado en el mercado japonés metiendo el vino en barrica un tiempo y aparece un toque de vainilla, ahumado y tostado sobre el aroma frutal. En el mercado brasileño acabamos de entrar y se han decantado por un reserva hecho como homenaje a mi padre, a sus 40 años de vida profesional.
-¿Qué tipo de vino gusta en India y China?
-Hemos mandado mucho vino elaborado con viura (macabeo) y coupages hechos con cabernet sauvignon, merlot y garnacha.
-¿Y los extremeños?
-Nos están redescubriendo ahora. La avalancha de bodegas, cooperativas y marcas había provocado que nos diluyéramos en el mundo del vino extremeño, pero el boca a boca funciona otra vez y vienen a buscar nuestro merlot.
-Tengo entendido que el gran gurú de los vinos, Robert Parcker, se ha fijado en ustedes.
-Consiguió unas botellas nuestras y a la garnacha roja le dio 89 puntos. A partir de 90, los vinos vuelan y lo cierto es que si hubiéramos tenido más producción también la hubiéramos vendido.
-¿La crisis?
-En el mercado hemos notado caída de consumo, pero las empresas que hemos apostado por la exportación, ya estamos viendo remontar las ventas en Alemania, Japón o Suecia. Aquí en España va más despacito.
-La administración y el vino.
-Fomento de Mercados da mucha ayuda. Se han dado muchos fondos de la Unión Europea para modernizar viñedos, otra cosa es que se haga bien. Nos hemos centrado en tempranillo y eso tiene un grave problema: toda España produce tempranillo y se nos mira como el hermano pobre de Ribera del Duero y de Rioja. Toro y La Mancha tienen tempranillo. Creo que Extremadura debería haber hecho más esfuerzo para encontrar su identidad de variedades y buscar su propio vino. A veces me han preguntado que cuándo vamos a hacer un buen Rioja. Yo espero que nunca. Sería un gran error.
-¿Confía en las guías españolas de vinos?
-No soy muy aficionada a las guías españolas porque me he dado cuenta de que hacen mucho trabajo de ordenador, sacan información de las páginas web y a la hora de valorar nos pesa la losa de ‘vino extremeño’ como un muerto. No nos puntúan de manera objetiva, cuando una guía sale, me limito a situar la bodega: está aquí y elaboramos tal vino, pero no envío botellas porque yo creo que las catan con prejuicio o simplemente no las catan. Tampoco soy de concursos, desconfío. Desde que vi que los concursos de las misses estaban amañados, me olió que los de vinos son algo parecido.
-Los jóvenes beben cerveza, ¿se acercan al vino cuando son mayores?
-Es el triste problema que estoy encontrando. Cuando salía con mis amigos pedían: «Diez cañas y un blanco. ¿De qué, de macabeo? Anda pídetelo tú que es un rollo». Acercarte al vino es cultivarte. Los jóvenes en general son comodones y venimos de una costumbre en la que había que quitarle al niño la botella de delante. «Abuelo, no beba usted delante del niño porque va a coger malos vicios», se decía. Esa frase era lapidaria. Hemos cambiado una botella de vino, que es un alimento de la dieta mediterránea, por la botella de refresco de cola y creemos que es mejor que el vino. No nos olvidemos de que ese refresco está hasta arriba de benzoato sódico, de sorbato potásico y de otros aditivos y que la dosis máxima de un adulto sería de 33 centilitros. Pero le colocamos al niño la botella de dos litros para que se sirva lo que quiera. Y luego tenemos que aguantar las campañas de tráfico siempre con la copa de vino, como si el vino fuera el culpable de todos los accidentes. Estas políticas sociales nos han machacado.
-¿Es pedante o es imprescindible la ceremonia de mirar, oler, agitar, volver a oler, probar y describir un vino?
-Es algo bonito. No la puedes hacer con otro alimento ni con otra bebida. Queda elegante, ceremonial, gusta descorchar, oler.
-¿Cuando va a un restaurante, le sirven a usted o a su acompañante varón?
-Siempre digo: Cato yo.
-¿Su cena de Nochebuena y el vino?
-Para esa fecha voy a poner un rosado de pinot noir con unos canapés de salmón y queso y con un carpacho de ternera. Después serviremos unas perdices con un garnacha tinto. Mi hermana es muy aficionada a la dorada a la sal con patatas panadera y a ese plato le viene bien un merlot. Maridamos un pescado con un tinto, pero es que es un pescado graso. Para el jamón, un tinto crianza o un reserva. Para el marisco, un blanco de uva viura (macabeo) y con el foie, un garnacha delicioso igual que con la torta del casar.
-¿Qué opina del pitarra, ‘ese vino recio que beben los extremeños’, como recogen algunas guías?
-El pitarra es un vino artesanal que podía hacer cada uno en su casa con metodología casi romana. Son vinos espesos, ásperos, astringentes, justo lo contrario que pide hoy el consumidor. Cuando se te encasilla con un pitarra, es difícil quitarse esa imagen.
-¿Qué debemos hacer con esas botellas de reserva que nos regalan: beberlas o guardarlas hasta que se bautice el nieto?
-Hay que tener cultura del vino y saber que el vino blanco o rosado hay que bebérselo en el primer año o año y medio desde que tenemos la cosecha. Si en la añada pone 2008, hay que bebérselo en 2009 o primeros meses de 2010, pero no podemos dejar que se muera en el botellero. El tinto joven se debe consumir en sus dos o tres primeros años. Un crianza, en cuatro o cinco, un reserva en seis u ocho, un gran reserva, en 10.

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